11.12.2008

TEO

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Teo está triste. Hoy ha conocido la soledad.

Aún puedo recordar el primer día que le vi. Había muchos a su alrededor, pero supe que él era el elegido. Fijarme en cualquier otro habría sido una injusticia y me lo habría reprochado de por vida. Me esperaba con los brazos abiertos, con eso me bastaba. Fue creado para ser perfecto y posar delante de quién se lo mandara. Una especie de prostitución. Me negué a eso, aunque a veces trabajamos juntos, a eso jamás me negaré. Ese día, nada más llegar a casa le presenté a Nacho, su compañero de estantería. Enseguida se hicieron amigos, y pasaron días y días abrazados, sin que nadie les dijera nada.

Hasta hoy.
Alguien ha llegado con una enorme bolsa de plástico, y se ha llevado media casa. Una cafetera, tres tazas de café, la mesa de mi comedor... Y a Nacho. Teo se ha pasado la vida rodeado de muchos como él, pequeños personajes a los que puedes manejar, toquetear e incluso tirar a la basura. Jamás estuvo solo. Y ahora está triste y solo sabe preguntar

"¿Cuándo volverá?
"
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¿Un poco de azúcar, Señora?

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